Uruguay se convirtió en el mercado más avanzado de electromovilidad de América Latina: entre enero y mayo de 2026 los autos eléctricos superaron en ventas a los vehículos a gasolina por primera vez en la historia del país, según cifras difundidas por la Asociación del Comercio Automotor del Uruguay (ACAU). En ese periodo se vendieron 9.500 unidades eléctricas frente a 8.600 de gasolina, lo que llevó la participación de los eléctricos al 43% del mercado total, un salto notable frente al 23% que representaban apenas un año antes.
El impulso no se detuvo ahí: en junio de 2026 se patentaron 865 vehículos eléctricos nuevos en el país, con BYD como marca dominante (604 unidades, cerca del 70% del segmento) y su modelo Dolphin Mini como el más vendido (481 unidades), seguido a distancia por BAIC (106 unidades) y Chevrolet (51 unidades).
¿Qué explica el salto uruguayo?
Es una combinación de factores que rara vez se da junta en la región. Por un lado, la gasolina premium en Uruguay cuesta cerca de US$2,40 por litro —la más cara de América Latina— tras subir alrededor de 21% desde abril, lo que empuja a los compradores hacia alternativas más económicas de operar. Por otro, casi toda la electricidad uruguaya proviene de fuentes renovables, lo que abarata sensiblemente el costo de cargar un auto en casa.
Pero el factor decisivo son los incentivos fiscales concretos: Uruguay exonera de aranceles de importación e impuestos internos a los vehículos 100% eléctricos, aplica una alícuota de patente reducida (3% frente al 5% de los autos a combustión), ofrece descuentos de entre 15% y 20% en seguros vehiculares, y cuenta con líneas de crédito verde en la banca privada además de tarifas eléctricas especiales para la carga domiciliaria a través del Plan Movilidad Eléctrica.
El contraste con Perú
La diferencia con el mercado peruano es directa. Según el último reporte de la Asociación Automotriz del Perú (AAP), las ventas de vehículos electrificados crecieron 86% en el primer semestre de 2026, alcanzando 8.285 unidades — pero la penetración de mercado sigue rondando apenas el 6%, muy lejos del 43% uruguayo. La propia AAP ha señalado en repetidas ocasiones que la ausencia de incentivos económicos significativos, junto con una infraestructura de carga todavía incipiente, son los principales frenos para que ese crecimiento porcentual se traduzca en una adopción masiva como la que hoy vive Uruguay.
La experiencia uruguaya deja una lección clara: el crecimiento en ventas no basta si no viene acompañado de una política fiscal que reduzca la brecha de precio frente a los autos a combustión. Mientras Perú evalúa cómo cerrar esa brecha, la demanda de compradores interesados en dar el salto a un vehículo eléctrico —o en instalar un cargador en casa o en su negocio— sigue creciendo.
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Fuentes: Asociación del Comercio Automotor del Uruguay (ACAU) / Cámara de la Industria Automotriz del Uruguay, 2026.

