Actualizado el 04.08.26
Mientras la Asociación Automotriz del Perú (AAP) insiste en que la falta de incentivos económicos es el principal freno para masificar los autos eléctricos en el país, El Salvador ofrece un caso que contradice la lógica simple de «más incentivos, más ventas»: desde 2020 exonera al 100% los aranceles de importación de vehículos eléctricos, y aun así apenas 865 unidades (entre autos y motos) circulan hoy por sus calles.
Según cifras del Observatorio Nacional de Seguridad Vial de El Salvador, a julio de 2026 el parque vehicular eléctrico del país se compone de 490 autos 100% eléctricos (0.02% del parque nacional), 375 motocicletas eléctricas (0.02%) y 3,484 vehículos híbridos (0.17%). En conjunto, autos y motos eléctricas sumaron 865 unidades, frente a las 581 registradas en junio de 2025: un crecimiento interanual de 48.8%, impulsado sobre todo por los autos 100% eléctricos, que pasaron de 226 a 490 unidades en solo un año.
La Ley de Incentivos Fiscales para el Fomento de las Energías Renovables en El Salvador, vigente desde 2020, exonera el 100% de los impuestos de importación a los vehículos eléctricos, además de eximir la primera matrícula y reducir a un costo simbólico la tarjeta de circulación durante los dos primeros años. Es, en el papel, uno de los paquetes de incentivos más agresivos de la región. En la práctica, El Salvador sigue entre los países latinoamericanos con menor adopción de eléctricos, según la Organización Latinoamericana de Energía (Olade).
El contraste con Perú es revelador. Aquí, sin exoneraciones arancelarias específicas para eléctricos, las ventas de vehículos electrificados (híbridos y eléctricos) crecieron 86% en el primer semestre de 2026, llegando a 8,285 unidades y una penetración de mercado de aproximadamente 6%, según la AAP. Es decir, Perú vende en seis meses casi diez veces lo que El Salvador acumula en todo su parque eléctrico, pese a que este último lleva media década de beneficios tributarios sobre la mesa.
¿Qué explica la diferencia? Especialistas del sector consultados por medios salvadoreños apuntan a un problema de oferta y financiamiento antes que de impuestos: pocos modelos disponibles, precios de entrada todavía altos para el poder adquisitivo local, red de carga limitada casi exclusivamente al Gran San Salvador y escaso acceso a crédito vehicular para tecnologías nuevas. El costo de operación, en cambio, sí es competitivo: cargar una batería completa cuesta cerca de US$3.50 y permite recorrer unos 90 km, un ahorro de aproximadamente 75% frente a la gasolina.
La lección para el mercado peruano es matizada: los incentivos fiscales ayudan, pero por sí solos no garantizan una adopción masiva si no van acompañados de una oferta de modelos accesible, financiamiento adecuado e infraestructura de carga que llegue más allá de la capital. Perú, con su crecimiento de 86% sin incentivos arancelarios dedicados, muestra que la demanda ya está reaccionando a la caída de precios de los autos eléctricos chinos; el reto ahora es no repetir el estancamiento salvadoreño una vez que ese primer impulso se agote.
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