Actualizado el 04.08.26
Mientras en Perú la conversación sobre electromovilidad sigue centrada casi exclusivamente en autos particulares, en el resto de Latinoamérica un movimiento paralelo y menos visible avanza con fuerza: la electrificación de flotas comerciales de reparto. Empresas como Bimbo, PepsiCo, Mercado Libre, DHL y FedEx ya operan miles de furgonetas eléctricas de última milla en Brasil, México, Chile y Colombia, según un reporte reciente de Latam Mobility.
La región cerró el primer trimestre de 2026 con 837,014 vehículos electrificados en circulación (837.014 unidades) y proyecta superar el millón antes de fin de año, tras comercializar 106,765 unidades solo en esos tres meses. El ahorro operativo es el gran imán para las empresas: se estima en US$1,157 millones anuales frente al uso de combustibles tradicionales, al evitar el consumo de 890 millones de litros de gasolina y 340 millones de litros de diésel.
Los casos que lideran la región
Grupo Bimbo opera la flota comercial eléctrica más grande de la región, con 4,200 unidades entre México y otros países, incluyendo 100 vehículos utilitarios eléctricos dedicados a la distribución en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. PepsiCo México invirtió 2,300 millones de pesos en 1,070 furgonetas Ford E-Transit, con las que espera reducir 3,900 toneladas de CO₂ al año, mientras que su filial colombiana ya opera 54 camiones eléctricos BYD T4K.
Mercado Libre suma más de 1,300 vehículos eléctricos en Brasil, 150 en México (sobre una base previa de 548) y más de 150 furgonetas en Chile, donde además instaló 30 puntos de carga propios. En ese mismo país, Chilexpress invirtió US$5 millones en 140 unidades Maxus eDeliver 3, que ya representan el 25% de su flota total, y DHL —con más de 35 furgonetas operando en Santiago— proyecta llegar a 1,000 vehículos eléctricos en toda Latinoamérica.
En Colombia, Coca-Cola FEMSA desplegó 22 vehículos de carga eléctricos con la meta de que el 34% de su flota sea eléctrica para 2030, y TCC ya incorporó 20 camiones Foton eléctricos a sus operaciones. Modelos como el Ford E-Transit, el Mercedes-Benz eSprinter o el Maxus eDeliver 3 ofrecen entre 300 y 380 km de autonomía en ciclo WLTP urbano —aunque en uso real de reparto el rendimiento efectivo ronda los 180 a 220 km sin recarga—, con capacidades de carga de 800 a 1,200 kg. El costo por kilómetro resulta entre 40% y 50% menor que el de una furgoneta a diésel equivalente.
La brecha —y la oportunidad— para Perú
Ninguna de estas iniciativas corporativas tiene todavía un equivalente documentado en Perú. Mientras la Asociación Automotriz del Perú celebra el crecimiento de 86% en ventas de autos electrificados a particulares, el segmento de flotas comerciales —reparto de última milla, logística de e-commerce, distribución de alimentos y bebidas— permanece prácticamente inexplorado en el país, pese a que empresas como Bimbo, PepsiCo o Coca-Cola FEMSA ya operan localmente y tienen matrices regionales corriendo estos proyectos en Colombia, Chile y México.
Esa brecha es, en realidad, una oportunidad concreta: las empresas de e-commerce y distribución que operan en Lima y otras ciudades del país necesitarán, tarde o temprano, infraestructura de carga corporativa dedicada —algo distinto a los puntos de carga públicos pensados para autos particulares— y proveedores locales capaces de diseñarla e instalarla.
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